
Cristo no es propiedad de nadie
Comprender la necesidad de Cristo, es conocimiento de Sí Mismo profundo.
Es también comprender los límites del ego y sin querer negarlo o “liberarse” de él, trascenderlo.
Estas mínimas reflexiones, casi o totalmente cripticas, están dirigidas solo a aquellos que no pertenecen a las filas de los triunfadores ( contra quienes nada tengo) sino a aquellos que, viendo el fracaso propio, no cometen la torpeza de confundir su Ser con ese fracaso.
El fracaso no es el fracaso del Espíritu Humano que vive, alienta y da Sentido a la Vida en general y en particular.
La intuición del Sentido, la sospecha de que la Vida es un verdadero milagro y vale la pena peregrinar por ella hacia la trascendencia última, implica, simultáneamente, el reconocimiento de la propia ignorancia cuando permitimos que aquello que es mero espejismo, ocupe el lugar de lo Esencial.
He ahí el verdadero fracaso: diversísimas zanahorias, hechas a medida para cada orificio anal.
Finalizando y precisando: a “Eso” que es el Sentido, el comienzo y el fin de todas las cosas, internas o externas, yo lo llamo Cristo.
En cuanto a las diferentes “versiones” de “cultos” o “sectas” (aunque tengan muchos o pocos adherentes”) nada opino, pues cada cual, que atienda su juego.
La Verdad no es propiedad de nadie.
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