sábado, 28 de agosto de 2010

Sobre el Sexo

He aquí el Fuego Sagrado.
He aquí lo que tantos temen y tantos degradan.
He aquí lo Santo.
Y sin embargo, es apenas válvula de escape.
Escape miserable de miserables formas de vida. De miserable forma de “Mundo”.
Solo a través del fuego serás libre.
Te quemará hasta cerca del Alma,
Pero serás libre.
Fuego que recuerda su origen en la Luz.
Luz que surgió al principio, según dicen y creo, o mejor, veo.
Luz que ha comenzado el retorno, más allá de sí misma.
Sección, división que anhela el Uno.
¡Ha! Si tan solo se intuyera.
¡Cuánto dolor y cuanta muerte en aquellos que le temen al Fuego!
Cuanto vacio en aquellos que sucumben frente a su poder terrible.
¡Cuánta sabiduría en aquellos que pueden caminar sobre brasas sin quemarse!
Aquellos que no quedan detenidos a mitad del camino.
Aquellos, mis amigos peregrinos de este tiempo.
A través del espejo se llega a Si Mismo.

lunes, 16 de agosto de 2010

Sobre “el Árbol”

El vegetal fue el que produjo el ámbito propicio para nuestra llegada.
Sin él, la vida superior no podría existir.
Sin él, no habría la necesaria y al mismo tiempo dañina oxidación.
Y el vegetal devenido árbol, plasmó la primera “Maquina Alquímica” que posibilito todas las transmutaciones en nuestro posteriormente Planeta Azul.
Tierra, Aire, Agua y Fuego (energía solar) se mezclan gracias al árbol.
Las raíces que tienden a hundirse hacia lo profundo, lo húmedo, lo oscuro y mineral.
La copa que tiende hacia lo alto, lo luminoso, lo sutil, la fuente de poder vital.
Y un tronco que conecta ambos extremos de esta unidad, por donde ascienden los nutrientes y desciende la energía creadora.
Raíces y copa poseen similares dimensiones.
¿Cómo no ver en el árbol un símbolo fabuloso?
La Kabala, con su Árbol Sefirotico, con sus Moradas, caminos y niveles, lo expresa claramente.
También se habla en textos hebreos, como el antiguo testamento, de dos árboles que existían en el Edén, posibles referencias al hombre y a la mujer y sus misterios a descubrir.
Paradójicamente, hay quienes sostienen que el Hombre es un árbol cuyas raíces están en el Cielo y su copa en la Tierra. Es una visión a la cual adhiero.
Hasta en los misterios de la “Divina Comedia” de Dante, se puede ver prefigurado el Árbol Simbólico con moradas de cada estadio por las que deambula el alma. El autor de varios libros sobre misterios iniciáticos, Jorge Sanguinetti, también lo insinúa así en una representación teatral sobre el Purgatorio representada por el Grupo Teatral Vitriol.
Una pequeña disgresion:
Asimilar a las funciones del pensar, del sentir, del hacer y del crear aquellos elementos mencionados más arriba, es decir tierra, agua, aire y fuego, es algo que siempre se ha hecho.
Así, al pensar le corresponde el elemento tierra, al sentir, el elemento agua, al hacer, el elemento aire y al sexo, el elemento fuego.
También el asociar a estos cuatro elementos con los “palos” de las barajas españolas, es bien conocido por aquellos que estudian el Tarot y sus derivados.
A saber: Tierra igual oro o pentáculos, agua igual copas, aire igual espadas y fuego igual bastos.
Retomando el tema del Árbol, no debemos olvidar a la serpiente del Paraíso.
Este elemento fue puesto allí por Dios mismo, pues sino, caeríamos en un dualismo que no se condice con el monoteísmo.
Así que podemos tener la legítima sospecha de que estaba dentro del “plan divino” su acción y su existencia.
Esta Serpiente, símbolo de todo lo energético y también de lo fatal, se encuentra también en la visión del Yoga hindú y en el tantra tibetano, aunque su función sea la de realizar plenamente al hombre, luego de ir ascendiendo por una columna vertical simbólica (Sushuma) entre dos columnas llamadas Ida y Pingala, despertando Chakras, centros etéreos de poder y conciencia en su ascenso desde el Sacrocoxis (Cruz sagrada) hasta la Coronilla (Corona Real)
El árbol navideño con sus luces y sus regalos, parece recordarnos también la semejanza entre el Símbolo del Árbol y El Hombre mismo.
El Hombre, ese ser que conecta lo Superior con lo inferior, cuya línea divisoria imaginaria, estaría en su diafragma.
Podemos seguir viendo analogías, pero ya se ha escrito demasiado sobre el tema y se ha comprendido bien poco. Sostengo esto último por la realidad media en que vivimos: no veo que realizar estos conocimientos sea la meta en general. Más bien se corre detrás del dinero como perritos falderos. Pero es lo que hay, al menos hasta hoy.
Mañana, veremos…

viernes, 13 de agosto de 2010

La Guía es el Alma
(A propósito de “El Purgatorio”, de Dante)
¿Y que son los “pecados capitales” sino el reverso de las “Virtudes Cardinales”?
Es decir: el mal es la ignorancia.
Fuego que se hace luz.
Luz que quiere Trascender el tiempo
Ascenso que es retorno más algo nuevo.
Volver pues con un “YO” con mayúscula es una forma de Alquimia Celeste.
Visto desde el terrenal Paraíso, la montaña del Purgatorio es abismo, es descenso, es Remordimiento Conciente.
Y el terrenal Paraíso es base o piso de la Montaña cuya cima, en el más grande silencio, hace comulgar al Hombre con su Creador. (*)
Y sin embargo, lo verdaderamente maravilloso, es que todo ocurre dentro del Hombre mismo.

(*) Se sobreentiende que ambas montañas son simbólicas, al igual que el paraíso terrenal. La base de la montaña del purgatorio, es el techo del infierno y su cima, el paraíso terrenal. La base de la montaña celestial, es el paraíso terrenal. Así, el mundo medio, donde se expresan leyes “celestiales”, será Paraíso cuando el peregrino salga purificado de su viaje a través del purgatorio y se vuelva así “vidente” de esas leyes que rigen la Creación. Sera capaz de vivir la Belleza, la Bondad y la Sabiduría. El ascenso final hasta la cumbre Celestial, será pues una cuestión de grados de Amor Conciente que pueda realizar el iniciado. Si la mirada es en perspectiva desde la cima. Se verán círculos concéntricos que se referirán a cada “morada”. Aunque personalmente, me parece más correcto hablar de “Proceso Espiralado".