Sobre “el Árbol”
El vegetal fue el que produjo el ámbito propicio para nuestra llegada.
Sin él, la vida superior no podría existir.
Sin él, no habría la necesaria y al mismo tiempo dañina oxidación.
Y el vegetal devenido árbol, plasmó la primera “Maquina Alquímica” que posibilito todas las transmutaciones en nuestro posteriormente Planeta Azul.
Tierra, Aire, Agua y Fuego (energía solar) se mezclan gracias al árbol.
Las raíces que tienden a hundirse hacia lo profundo, lo húmedo, lo oscuro y mineral.
La copa que tiende hacia lo alto, lo luminoso, lo sutil, la fuente de poder vital.
Y un tronco que conecta ambos extremos de esta unidad, por donde ascienden los nutrientes y desciende la energía creadora.
Raíces y copa poseen similares dimensiones.
¿Cómo no ver en el árbol un símbolo fabuloso?
La Kabala, con su Árbol Sefirotico, con sus Moradas, caminos y niveles, lo expresa claramente.
También se habla en textos hebreos, como el antiguo testamento, de dos árboles que existían en el Edén, posibles referencias al hombre y a la mujer y sus misterios a descubrir.
Paradójicamente, hay quienes sostienen que el Hombre es un árbol cuyas raíces están en el Cielo y su copa en la Tierra. Es una visión a la cual adhiero.
Hasta en los misterios de la “Divina Comedia” de Dante, se puede ver prefigurado el Árbol Simbólico con moradas de cada estadio por las que deambula el alma. El autor de varios libros sobre misterios iniciáticos, Jorge Sanguinetti, también lo insinúa así en una representación teatral sobre el Purgatorio representada por el Grupo Teatral Vitriol.
Una pequeña disgresion:
Asimilar a las funciones del pensar, del sentir, del hacer y del crear aquellos elementos mencionados más arriba, es decir tierra, agua, aire y fuego, es algo que siempre se ha hecho.
Así, al pensar le corresponde el elemento tierra, al sentir, el elemento agua, al hacer, el elemento aire y al sexo, el elemento fuego.
También el asociar a estos cuatro elementos con los “palos” de las barajas españolas, es bien conocido por aquellos que estudian el Tarot y sus derivados.
A saber: Tierra igual oro o pentáculos, agua igual copas, aire igual espadas y fuego igual bastos.
Retomando el tema del Árbol, no debemos olvidar a la serpiente del Paraíso.
Este elemento fue puesto allí por Dios mismo, pues sino, caeríamos en un dualismo que no se condice con el monoteísmo.
Así que podemos tener la legítima sospecha de que estaba dentro del “plan divino” su acción y su existencia.
Esta Serpiente, símbolo de todo lo energético y también de lo fatal, se encuentra también en la visión del Yoga hindú y en el tantra tibetano, aunque su función sea la de realizar plenamente al hombre, luego de ir ascendiendo por una columna vertical simbólica (Sushuma) entre dos columnas llamadas Ida y Pingala, despertando Chakras, centros etéreos de poder y conciencia en su ascenso desde el Sacrocoxis (Cruz sagrada) hasta la Coronilla (Corona Real)
El árbol navideño con sus luces y sus regalos, parece recordarnos también la semejanza entre el Símbolo del Árbol y El Hombre mismo.
El Hombre, ese ser que conecta lo Superior con lo inferior, cuya línea divisoria imaginaria, estaría en su diafragma.
Podemos seguir viendo analogías, pero ya se ha escrito demasiado sobre el tema y se ha comprendido bien poco. Sostengo esto último por la realidad media en que vivimos: no veo que realizar estos conocimientos sea la meta en general. Más bien se corre detrás del dinero como perritos falderos. Pero es lo que hay, al menos hasta hoy.
Mañana, veremos…
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