domingo, 4 de octubre de 2009




OCTUBRE EN BUENOS AIRES

¿Cuál es el tema que necesita expresarse en este instante en mí?
La luz de esta mañana de fines de octubre de 2006 es de una cualidad cristalina.
Las personas y las cosas se bañan en ella y una pequeña brisa mueve cabellos humanos y hojas de árboles.
Hay cierto tono atemporal en el aire. Es como si fuese un día sintético, con extremos térmicos atenuados: fresco verano, cálida primavera, incipiente otoño, invierno en su ocaso. Todo en uno.
Se respira armonía.
La clara percepción, la serena contemplación solo es interrumpida por sensaciones del cuerpo o divagues de la mente. Aunque no dominen, están como telón de fondo, como ruido estático en la transmisión radial de una bella sinfonía.
Ese tiempo no resuelto, esos residuos de memoria, esos temores recurrentes, son los cristales que tiñen la belleza de la vida.
Para estar plenamente en el presente, se precisa una mente silenciosa, que no “atrase” ni “adelante”.
Aquí comienza “lo psicológico”, suerte de mundo virtual que no posee existencia real más que dentro de cada cráneo.
Psiquis, sin embargo, así a secas, tiene un sentido y se refiere a un órgano que algunos poseen o poseemos y llamamos en castellano, alma.
Pero “lo psicológico” es producto de la distracción de la conciencia y de la lentitud del darse cuenta.
Es tiempo retenido, como agua estancada.
Es un mundo imaginario de creencias, supuestos, memoria, imaginación, temores, etc.
Lo nefasto es que aún lo puramente ilusorio actúa produciendo esa ficción que llamamos realidad.
Levanto la cabeza de lo estoy escribiendo, conciente de estar dándole máquina al intelecto y habiendo perdido la conexión sencilla con la belleza del día.
Bien dice el refrán que lo barato se paga con plata.
La Vida no tiene precio. Es un regalo y no se vende.
Dejo de escribir y contemplo la luz y sus juegos.

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